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lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Por qué cada vez consumimos menos legumbres?



A pesar de ser un típico alimento de nuestra Dieta Mediterránea, a pesar de que organismos internacionales como la OMS y la FAO nos recuerdan repetidamente sus beneficios en dietas contra la hipercolesterolemia, la hipertensión, la diabetes o incluso algunos tipos de cáncer, a pesar de ser un alimento barato, típico de nuestra tierra, que todos hemos consumido desde niños, a pesar de sus múltiples variedades, y diversas formas de preparación culinaria, el consumo de legumbres en nuestro país se sigue reduciendo.

Los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el Informe del Consumo de Alimentación en España en 2015  recoge un consumo por persona de 3.06 Kg/persona/año de legumbres secas, es un dato mantenido en los últimos años en cifras aproximadamente similares, aunque si lo comparamos con el año 1994, ese consumo era de 6.03 Kg, por lo que se observa un fuerte descenso de aproximadamente el 50% en las últimas dos décadas.



La recomendación de los organismos internacionales es de al menos dos raciones de legumbres secas a la semana; estos datos estadísticos de que disponemos indican que no se llega a una ración de media, y ya se sabe cómo va esto de la estadística, que si yo me como dos pollos y usted ninguno, pues la media sale que nos hemos comido uno cada uno, o sea, que habrá un porcentaje considerable de la población que no llegue ni siquiera a esa ración semanal.

Si bien en los últimos años este descenso se ha estabilizado, lo cierto es que actualmente no llegamos ni de lejos al consumo que tenían anteriores generaciones (los datos de los años 60 del pasado siglo hablan de 12-14 kilos/persona/año), en las que cocidos, potes, potajes y fabadas eran los platos característicos en nuestro país, asequibles a todas las economías y “consistentes” desde el punto de vista nutritivo; Esta inmerecida fama de ser alimentos que no ayudaban precisamente a preservar la línea, ha sido una de las causas de su descenso, en una sociedad cada vez más sedentaria; y sin embargo nada más lejos de la realidad, el exceso calórico de dichos platos depende más de los productos de acompañamiento que de la propia legumbre (un plato de garbanzo cocido, no supera las 250 Kcal.-lo mismo que tres cervezas o dos refrescos-). 

Otro aspecto que ha podido influir es que hasta ahora no eran platos bien considerados en los establecimientos hosteleros (sólo se incluían en algunos “menús del día”), y el hecho de tener que comer cada vez con menos frecuencia en el hogar, hace que su consumo se vea reducido.



Afortunadamente esto está cambiado y la actual generación de cocineros ha descubierto estos ingredientes y los está incorporando cada vez en mayor medida a las nuevas creaciones, y se está potenciando con la reciente promoción de nuestra Dieta Mediterránea, en la que las legumbres son actores principales y con razón, ya que bastantes de las propiedades saludables de la misma, actualmente comprobadas y reconocidas, se deben a componentes de estos vegetales.

El menor interés por las preparaciones culinarias en los hogares actuales, por falta de tiempo o de afición, donde todos los adultos trabajan fuera, es un factor fundamental también en este descenso; Tratamos con platos que no se pueden improvisar, que se necesita un tiempo de remojo de la legumbre, y una técnica culinaria, que si bien no es complicada, requiere de preparación de ingredientes y cocinado durante un tiempo relativamente largo, por lo que muchos hogares prescinden directamente de estos productos por simple comodidad. 

Sin embargo las nuevas presentaciones en el mercado de productos envasados ya cocinados, los llamados de cuarta y quinta gama están revitalizando el consumo en este tipo de hogares; El “calentar y listo”, o el hacer una rápida preparación al gusto con una legumbre envasada cocida es posible que sea la razón por la que en estos últimos años se está observando una contención en ese descenso del consumo indicado al principio.



Y la verdad, aunque no hay nada más rico que el cocido de la abuela, las familias actualmente pueden mejorar su dieta, aproximándose un poco más a nuestra “dieta mediterránea” y a las recomendaciones de las autoridades sanitarias, utilizando este tipo de legumbres envasadas, que desde el punto de vista nutritivo, no desmerecen en nada a las preparaciones tradicionales, aunque si por economía es, la verdad que siempre está bien volver a cocinar unos garbanzos o unas judías, aunque sea de un día para otro, y disfrutar de este saludable menú en todo el año.


Otra consecuencia de esto es que en muchos hogares los niños no consumen legumbres, o al menos en suficiente cantidad, por lo que estamos privando a la siguiente generación de los beneficios de este tipo de dieta. Para prevenir esto las instituciones públicas como colegios (sobre todo a través de los comedores escolares) tienen una ingente labor (conseguir que en el colegio los niños coman lo que no comen en casa), pero sobre todo los propios padres, que en beneficio de sus hijos deben plantearse modificar algunos de sus hábitos culinarios y dietéticos (deberemos comenzar por predicar con el ejemplo). Recuerden, al menos dos raciones a la semana es la recomendación más saludable.    



Dr. F. Javier Tejedor Martín
Asociación Andrés Laguna para la
Promoción de las Ciencias de la Salud

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